Aunque no es nada nuevo y la responsabilidad penal empresarial data incluso de fines del siglo XIX, hoy el compliance retoma su fuerza debido al gran poder que le atribuyen (y exigen) las sociedades a la integridad, la transparencia y la ética por parte de las empresas.

Los programas de cumplimiento o compliance han adquirido gran protagonismo en la última década en el entorno empresarial, en parte, gracias a la implementación de sistemas de responsabilidad penal para personas jurídicas en algunos países de Europa y la influencia del sistema legal anglosajón en algunos países de nuestra región.

Un poco de historia

A pesar de que suene como algo novedoso, la responsabilidad penal empresarial y los programas de compliance, llevan evolucionando alrededor de un siglo en el sistema anglosajón. La primera sentencia de responsabilidad penal empresarial se dio en 1909 en el caso “New York Central & Hudson River vs U.S.” en donde se señaló que el objetivo de la sanción era incentivar a que las empresas tomaran medidas de control interno que les permitieran cumplir con la ley.

Con el nacimiento de la SEC (Comisión de Bolsa de Valores de EE.UU.) en los años 30 se comenzó a exigir a las empresas la implementación de controles internos para evitar abusos de información privilegiada, y ya para los años 50 gran parte de las agencias de valores y otros intermediarios contaban con programas de compliance.

A principios del siglo XX, los escándalos financieros impulsaron la creación de la Ley SOX con el fin de asegurar la transparencia, fiabilidad y calidad de la información brindada por las sociedades cotizadas, generando una transformación en el mercado hacia una regulación más punitivista, obligándolas a adoptar códigos de ética y canales de denuncia anónimos.

Lo nuevo del fenómeno de Compliance

Los sistemas de compliance han tomado un nuevo rumbo hacia el fortalecimiento y la construcción de culturas empresariales éticas y transparentes, más allá de incentivar la simple implementación de mecanismos de control interno. Antes, la ética empresarial se conformaba simplemente con la declaración de una serie de valores generales. Pero en la actualidad se requieren medidas más robustas para fortalecer la ética empresarial, a partir de la creación de códigos éticos, procesos de formación interna, canales de denuncia y procesos de investigación y sanción por incumplir los valores corporativos.

El potencial que tiene el compliance en términos de autorregulación empresarial para fomentar el cumplimiento de la ley, la prevención de delitos  y los valores éticos en los negocios es lo que le ha permitido tener un gran despliegue y reconocimiento a nivel global. Estos factores son imprescindibles para la eficacia de los sistemas de compliance y para el mejoramiento de la sociedad en general.

Fuente consultada: https://www.asuntoslegales.com.co/