El dato que nadie está mirando.
El World Security Report 2026, publicado por Allied Universal, encuestó a 2.352 líderes de seguridad corporativa en 31 países, además de 200 inversores institucionales con activos bajo gestión superiores a un billón de USD. La narrativa dominante del informe es global: convergencia físico-cibernética, IA como multiplicador de fuerza, presión sobre los presupuestos. La conversación profesional gira alrededor del Director de Seguridad que ya no maneja solo guardias y CCTV, sino también amenazas digitales, desinformación y resiliencia operativa.
América Latina cuenta una historia distinta. No la opuesta — la región también adopta tecnología, también enfrenta convergencia. Pero cuando los datos se desagregan por geografía, surge un patrón consistente: LATAM mantiene una creencia fuerte, casi religiosa, en la seguridad física como categoría estratégica diferenciada.
Mientras Asia-Pacífico pivota hacia el dominio cibernético — el 86% de sus líderes dice que el liderazgo está más preocupado por ciberseguridad que por seguridad física, la cifra más alta del mundo — América Latina sostiene la dirección contraria. La seguridad física no se subordina. Se eleva.
Esto no es un detalle estadístico. Es una diferencia de modelo mental. Y tiene implicancias directas sobre cómo se diseñan, se compran y se ejecutan los servicios de seguridad corporativa en la región.
La lectura no es solo de Allied Universal. Control Risks, en su RiskMap 2026, identifica al crimen organizado y a las "sociedades activadas" — sociedades movilizadas por agravio, desigualdad y desconfianza — como los riesgos #1 y #2 globales para 2026, con LATAM señalada como uno de los hotspots principales. La firma britanica estima que el crimen organizado es responsable de aproximadamente el 25% de los homicidios mundiales y cerca del 50% en América Latina. Dos de las firmas globales de seguridad corporativa más importantes leen la misma señal regional: el contexto LATAM es estructuralmente más peligroso, y por eso requiere respuesta estructuralmente distinta.
Por qué el bolsillo sigue al miedo.
La convicción no nace en abstracto. Cuando los datos comparan lo que los líderes LATAM experimentaron en 2024 contra lo que esperan en 2025, el salto es la explicación.
La inestabilidad económica como riesgo principal pasó del 26% al 41% en doce meses. El fraude externo saltó del 16% al 30%. Los disturbios civiles del 18% al 26%. La guerra y la inestabilidad política del 16% al 26%. No hay una sola variable que se haya mantenido estable: todo se aceleró.
Esta es la materia prima del 72% que espera aumentar presupuesto. No es una decisión proactiva — es una respuesta defensiva. Y explica por qué el fraude, que en otras regiones es una preocupación creciente pero secundaria, en LATAM se convierte en el centro: 30% lo identifica como amenaza externa principal, y el fraude interno regional (34%) supera al promedio global (27%).
El dato regional aterrizado: Argentina 2024.
El World Security Report habla en porcentajes globales y regionales. La realidad operativa de un cliente corporativo en Buenos Aires habla en otro idioma: el de los hechos contabilizados por el sistema penal local.
Según el Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC) del Ministerio de Seguridad de la Nación, Argentina registró en 2024 un total de 844.512 hechos de delitos contra la propiedad. El 55,2% fueron robos, el 44,6% hurtos, y el 0,2% extorsiones y secuestros extorsivos. Es la fuente oficial — la que cita un Director de Seguridad cuando se sienta frente al directorio de una multinacional.
Pero el dato más relevante para una organización corporativa no son los robos generales: es la piratería del asfalto. La Mesa Interempresarial de Piratería de Camiones (MIPC), que agrupa a más de cien empresas de la cadena logística, contabilizó 4.490 ataques a vehículos de transporte de mercadería entre julio de 2024 y agosto de 2025. La cifra del período anterior fue prácticamente idéntica (4.476), y duplicó al período previo. Es la cifra más alta de los últimos 16 años, y se mantiene.
El delito ya no se concentra en el AMBA: en su última edición, el informe de la MIPC documentó que la piratería del asfalto se "federalizó" — aumentó 5 puntos en el interior del país. Las mercaderías más robadas son alimentos y bebidas (38%), paquetería de e-commerce (24%), industria textil (13%) y electrodomésticos (12%). El 71% de los robos ocurre durante carga/descarga o en detenciones eventuales. El 74% sucede entre las 0 y las 12 horas.
Este es el lado argentino del 78% global del WSR sobre líderes que esperan que la cadena de suministro se vea comprometida. No es geopolítica abstracta — es una banda organizada que sabe a qué hora sale qué camión y qué transporta. Y es directamente la realidad de cualquier organización con operaciones de distribución en el país.
El atacante de adentro tiene cara política.
Hay un dato del reporte que casi pasa desapercibido y que en LATAM debería leerse con atención clínica: el 36% de los líderes regionales atribuyen las amenazas internas intencionales a motivaciones ideológicas o políticas. Es la cifra más alta del mundo.
Globalmente, los drivers principales de las amenazas internas son la influencia de desinformación o radicalización externa (39% global) y el estrés financiero personal (37% global). Son drivers transaccionales, contextuales, gestionables a través de programas de bienestar y monitoreo. La motivación ideológica es otra cosa. Es identitaria. Persistente. Y mucho más difícil de detectar a través de los controles tradicionales de empleados.
Combinado con el dato de que LATAM tiene una de las tasas más altas de fraude interno esperado (34% vs 27% global), el cuadro que emerge es específico: la amenaza interna en la región no se parece a la global. No es solo un empleado descontento o presionado financieramente. Es, con frecuencia, alguien que cree estar haciendo lo correcto.
Esto cambia las herramientas. Cambia los protocolos. Y explica por qué los programas estándar de prevención de pérdidas, importados sin adaptación regional, fallan.
El patrón de complicidad interna no es teórico. En 2024, una operación de la Policía Civil de Río de Janeiro y el Ministerio Público — la "Operación Llave Maestra" — desbarató una organización criminal que comprometió Banco do Brasil con un elemento crítico: empleados internos del banco facilitaron la inserción de scripts maliciosos en los sistemas, permitiendo transacciones bancarias fraudulentas, alteración de datos de registro y modificación de datos biométricos de titulares de cuentas. Once sospechosos imputados. La amenaza interna en LATAM no es solo cyber ni solo física: es ambas, conectadas a través de una persona que decide colaborar.
El modelo regional de aumentación humana.
Si LATAM cree con tanta fuerza en la seguridad física, ¿qué hace con la tecnología? La respuesta es importante porque desafía la narrativa dominante en otras regiones: la región no adopta tecnología para reemplazar al guardia, al consultor o al investigador. La adopta para amplificarlos.
Las dos inversiones tecnológicas top de LATAM son videovigilancia con IA (46%) y detección de amenazas con IA (46%). Ambas son tecnologías de asistencia — herramientas que un operador humano usa para ver más, decidir más rápido, detectar antes. Ninguna es una tecnología de reemplazo.
El dato refuerza el patrón regional: el 92% de los líderes LATAM dice que las personas serán siempre fundamentales en la seguridad. Esto contrasta con el promedio global (87%) y, más importante, con el modelo de adopción tecnológica: en LATAM se invierte en herramientas que potencian al equipo en el terreno, no en automatización que lo reduce.
Esta es una tesis comercial concreta para cualquier proveedor que opere en la región: los modelos de servicio que prometen reemplazar capacidad humana fracasan. Los que prometen amplificarla, escalan.
Pero hay otra cara de la convergencia tecnológica que el WSR no aterriza con datos regionales y que merece atención: la presión cibernética sobre LATAM no es teórica. Según el Kaspersky ICS CERT, en el segundo trimestre de 2025 uno de cada cinco sistemas de control industrial (ICS) en América Latina registró intentos de infección o bloqueos — una tasa del 20,4%, que es 1,8 veces mayor que en Europa del Norte, la región más segura del mundo. Bolivia y Venezuela lideran (25%), seguidos de México (24%) y Perú (23%). Brasil 18%, Chile 19%, Colombia 16%.
En paralelo, el Panorama de Amenazas 2025 de Kaspersky registró más de 1,1 millones de intentos de ransomware en LATAM en doce meses — alrededor de 3.000 ataques al día, 2 por minuto. Brasil concentra 549.000 intentos, México 237.000. Y la encuesta Digital Trust Insights 2026 de PwC arrojó un dato específico para Argentina: solo el 6% de las organizaciones argentinas se considera capaz de hacerle frente a ciberataques en todas las vulnerabilidades evaluadas.
La conclusión operativa es directa: la región está bajo presión cibernética intensa con capacidad defensiva mayoritariamente insuficiente. El modelo de aumentación humana del que habla el WSR no es solo una preferencia cultural — es la única respuesta sostenible cuando el operador humano es la última línea de defensa contra ataques que la tecnología local todavía no puede contener sola.